
Ayer, esperaba en el coche, ensimismado en mis pensamientos, a mi hijo (salía de la guardería) cuando me pasó algo curioso que me hizo reflexionar. El coche lo tenía aparcado muy cerca de la pared en una amplia calle peatonal, con lo que pretendía facilitar el transito de los viandantes, pero una pareja se empeñó en intentar pasar entre el coche y la pared a pesar de que tenían toda la calle para sí. Y es que somos animales de costumbres y por mucho que nos cambien las cosas seguimos erre que erre con lo mismo. ¿Ya sabes a dónde quiero ir?
Podemos dividir a los usuarios informáticos en dos grupos, 10% – 15 % de usuarios son expertos o van camino de serlo porque quieren aprovechar al máximo las aplicaciones que utilizan y por tanto investigan y prueban cosas llegando a conocer bastante bien el software que manejan y el resto 80% – 85% que sólo ven en la informática un instrumento para hacer cosas, con más o menos suerte y no quieren complicarse la vida ni que se la compliquen y por tanto utilizan las funciones más básicas (de un procesador de texto: formato del texto, insertar imágenes, imprimir, corrector ortográfico y poco más).
Considero, por tanto, que cuando se plantea la realización y/o modernización de un software más que ir a la cantidad debemos apostar por la calidad y la funcionalidad y si después se quiere ampliar las mismas, dar facilidades para ello. Ejemplos de ello tenemos muchos, el más destacado Google, pero también el Firefox que a pesar de ser un navegador extremadamente sencillo de manejar se puede ampliar hasta el infinito mediante los llamados complementos.