La subdirectora del IAC afronta puestos de gran relevancia y referencia para las nuevas generaciones de científicas

Canarias se alza como referente en igualdad y ciencia al superar la media europea y nacional en cuanto a presencia femenina en áreas de ciencia e ingeniería. Esto es un claro indicador de que, desde el archipiélago canario, se están impulsando las vocaciones científicas en niñas y mujeres que, cada vez más, apuestan por una vida dedicada a la ciencia. Esto no solo pone el foco en el progreso y la mejora de las políticas igualitarias, sino en la promoción del talento local y de la riqueza de las islas para hacer ciencia.

En las próximas líneas, vamos a conocer un poco más sobre la experiencia y las aportaciones en el ámbito científico de la doctora Eva Villaver Sobrino, subdirectora del Instituto Astrofísico de Canarias (IAC). Comenzó su carrera científica en esta misma institución y es reconocida internacionalmente por sus trabajos teóricos pioneros acerca de la supervivencia y evolución de sistemas planetarios cuando la estrella agota su combustible nuclear.

En enero de este año, fue designada por la Agencia Espacial Europea (AEE) como miembro del Comité Asesor de Ciencia Espacial. Ha participado en comités nacionales e internacionales, posee publicaciones y artículos, tanto a nivel nacional como internacional. En 2019 publicó el libro de divulgación científica Las mil caras de la Luna y desde 2021 coescribe la sección de divulgación Vacío cósmico en El País.

¿En qué consiste su trabajo y más concretamente sus investigaciones sobre la vida de las estrellas?

Soy astrofísica y me dedico sobre todo a estudiar estrellas. Mi parte de investigación está enfocada a estudiar estrellas cuando mueren, cómo evolucionan y cómo su evolución afecta a los sistemas planetarios que haya a su alrededor. Pero ahora también soy la subdirectora del Instituto Astrofísico de Canarias, entonces me dedico la mayor parte de mi tiempo a gestionar el instituto.

Con mi doctorado, lo que hice fue un análisis teórico de lo que ocurre cuando la estrella va agotando su combustible nuclear, que es lo que la mantiene estable. Estudié qué ocurría con todo ese gas que va perdiendo la estrella y dónde acaba, porque ese gas está enriquecido químicamente y sirve para formar la siguiente generación de estrellas.

Después de mi doctorado me di cuenta de que nadie había estudiado el problema de que el Sol acabará muriendo de esa manera y nadie se había enfocado en entender cómo afectaría al sistema solar, lo que le va a ocurrir a la estrella en el futuro, si la Tierra sobrevive o no a la evolución de la estrella, etc.  Y, luego, ya una cosa me llevó a la otra, a intentar detectar planetas alrededor de estrellas evolucionadas y, sobre todo, planeando siempre el final evolutivo de la estrella, que pasa a ser una enana blanca, que es una estrella que ya no tiene una fuente de energía como tenía antes y que va perdiendo energía poco a poco y se va enfriando lentamente.

Son objetos realmente fascinantes. Son cadáveres estelares muy abundantes y que nos dan muchas claves acerca de cosas tan variadas como medir edades a gran escala o entender realmente qué es lo que le ocurre a la estrella en las etapas previas.

¿A qué edad supo que quería dedicarse a la ciencia?

Yo creo que la vocación de física la tenía desde pequeñita. La astrofísica vino en un momento dado de mi vida porque me dijeron que existía la especialidad de astrofísica aquí en Canarias y lo vi claro, se me encendió la luz y dije: «Pues eso es lo que quiero hacer».

En un momento dado, empecé a leer libros de divulgación y con ellos me daba cuenta que realmente quien entendía las cosas era la gente que hacía ciencia. Ese ver un poquito más allá de la realidad que tienes por delante a primera vista y escudriñar un poquito más y profundizar.

La carrera de Física es absolutamente fascinante porque te da una serie de herramientas que luego puedes aplicar te dediques o no a esto. Te estructura la cabeza de una manera muy especial a la hora de resolver problemas o a pensar cómo resolverlos.

 

“Cuando te pones las gafas de género, ya no puedes dejar de verlo”

¿Cómo diría que ha sido su experiencia como mujer, hasta llegar donde está hoy, en este mundo de ciencias que, socialmente, se sobreentiende que está masculinizado?

Siempre que entras en una profesión que está muy masculinizada al principio ni siquiera te das cuenta. Asumes que la realidad es como es y tú vas caminándola hasta que en un momento dado te pones – como alguien me dijo una vez-  “cuando te pones las gafas de género, ya no puedes dejar de verlo”. Te vas dando cuenta de todas las veces que te han ignorado y luego lo analizas “¿Me hubiesen ignorado igual si en vez de tener la imagen que tengo hubiese tenido una imagen más estereotipada de la figura de autoridad en ciencia?

La igualdad no existe. Estamos trabajando para que todo esto cambie, pero, todavía, queda mucho trabajo por hacer.

¿Se ha encontrado con alguna dificultad de manera directa en su trayectoria que suponga un reto por ser simplemente mujer y no porque no tenga la formación o las capacidades que el resto de sus compañeros?

Yo creo que a las mujeres se nos cuestiona mucho más, se nos ignora mucho más. Está muy medido y muy estudiado en ciencia, cómo las cosas que nos hacen progresar en la carrera científica están muy sesgadas. Por ejemplo, se nos cita menos, se nos da menos financiación cuando se identifica que somos mujeres. Y son sesgos muy subjetivos.

Muchas veces esos sesgos los compartimos tanto los hombres como las mujeres. Y hay que poner muchas veces el elefante en medio de la habitación para, para que seamos conscientes de que estamos juzgando de manera diferente un currículum masculino o femenino con las mismas calificaciones, o que estamos juzgando un proyecto de manera diferente si el que lo propone es un hombre o una mujer. Eso sigue existiendo y está muy cuantificado y es real.

Afortunadamente está cada día más en boca, se está haciendo más visible y eso ayuda a que se combata. La generación que viene después tiene las puertas un poquito más abiertas gracias a los que han venido antes y a los que estamos ahí ahora visibilizando el papel de la mujer en la ciencia.

Algo que yo considero a nivel personal, que es bastante importante, es visibilizar a la mujer con nombre y apellido. Muchas veces se refieren al profesor, el doctor X pero ella es “Ana”.

“A las mujeres les cuesta más hacerse visibles”

Como profesora, ¿ha detectado que, en los comportamientos en el aula, se tenga a las mujeres más en cuenta?

Algo que me he dado cuenta y hablándolo con otros profesores y profesoras es que, en general, en clase las mujeres no preguntan a no ser que se las anime. Mientras que los hombres están más acostumbrados a arriesgarse. Sin embargo, a las mujeres les cuesta más hacerse visibles. Para que una mujer pregunte tiene que estar muy, muy, muy segura que la pregunta que va a hacer no es una tontería. Si no, prefiere preguntarla no en público. Y eso es una diferencia radical que me he encontrado dando clase.

¿Alguna vez sintió, a lo largo de su carrera, que tuvo que esforzarse más que un compañero en algún aspecto en concreto?

En general creo que las mujeres se esfuerzan más porque sentimos que no estamos. Tenemos más complejo de no pertenecer. Cuando eres una minoría, siempre tiendes a probar que tú también puedes y te lleva a hacer un mayor esfuerzo.

Por ejemplo, ahora mismo en ciencia las mujeres estamos un poquito más sobrecargadas que los hombres en todo lo relacionado con tribunales, comités, porque sobre todo en las ciencias, donde somos menos, donde estamos infrarrepresentadas, se exige paridad en los tribunales y en los comités, quiere decir que nosotras tenemos que hacer el doble de trabajo. Si somos un 15 % y tenemos que representar un 50 % entonces ahí estamos trabajando mucho más también, y eso muchas veces no revierte en nuestras carreras.

Volviendo un poco a la Eva pequeñita, a la Eva adolescente, ¿alguna vez pensó que llegaría a ser la subdirectora del Instituto de Astrofísica de Canarias?

Qué va. [risas]. Siempre ha sido un camino de voy a hacer lo que quiero hacer, lo que me gusta. Yo cuando estaba aquí haciendo el doctorado, la dirección del IAC, era Dios. Yo creo que esas escaleras las he subido dos veces en mi vida y ahora a veces digo: «ostras, estoy subiendo yo las escaleras».

¿Cómo recibe la noticia de conseguir el puesto de subdirectora?

Es un orgullo. También es un reto complejo porque esta institución es muy grande. Afortunadamente, el director es una persona de la que se aprende muchísimo y con la que da gusto trabajar, entonces aparte de ser un reto es un trabajo muy bonito.

Ciencia, una profesión “muy bonita”

También forma parte del comité de asesoramiento científico de la Agencia Espacial Europea, ¿qué supone este trabajo para otra institución de renombre?

Es lo mismo. Es mucha responsabilidad que quieran contar contigo para que les asesores en algo tan importante como tomar las grandes decisiones de cuáles van a ser las misiones científicas de futuro de la Agencia Espacial Europea. Lo tomas con mucha responsabilidad y también con un poquito de estrés. Porque dices: «Yo opino esto, pero puede que me equivoque, pues voy a estudiar más, voy a aprender más, voy a informarme mejor”.

Pero al final son posiciones que son muy bonitas porque te dan una visión de conjunto y también requieren que tú también tengas esa visión. Salir de tu nicho de especialidad, porque nosotros los científicos estamos hiper especializados y muchas veces sabemos todo lo que hay que saber de una cosa muy concreta y a veces no sabemos mucho de todo lo demás. Entonces esto requiere que tengas una visión un poco más periférica.

Teniendo tantas responsabilidades en el día a día, ¿cómo gestiona la conciliación familiar y/o personal?

Yo creo que mantener un balance entre tu vida personal y tu vida profesional es fundamental. De ese equilibrio depende tanto tu salud mental como tu felicidad. Hay que tener mucho cuidado y mantener las fronteras bien definidas. Sí que es verdad que son trabajos muy exigentes, pero también que no los puedes hacer en cualquier momento de tu vida. Muchas veces te llegan en un momento en el que ya tienes una posición un poco más senior. Es superimportante mantener los equilibrios, asegurarte que tu otro lado está muy bien poblado con todo lo que tú necesites poblarlo, ya sea familia, amigos, hobbies, que todo eso te siga cultivando como ser humano. Porque el trabajo, obviamente, no lo es todo.

 ¿Qué mensaje de motivación daría para las futuras generaciones que quieran seguir el camino de las ciencias?

Que no intenten encajar, que sean ellas mismas y tiren para adelante, que no hace falta ser perfecta, que no hace falta hacerlo todo y que disfruten en el camino de lo que hacen. Yo creo que eso es lo más importante.

Y hace falta que vean que en ciencia hay mujeres normales. Yo recuerdo cuando veías a los referentes que te ponían delante, cuando era más joven y veías que eran mujeres del siglo XVII, del siglo XVIII, y dices: «Yo no tengo nada que ver con esta señora». Entonces que haya mujeres del día a día. Yo creo que eso ayuda.

Animaría a que seas como seas, que te metas en ciencia, que es una cosa muy bonita.