Cuando la cuestión del lenguaje inclusivo sale a la palestra no son pocas las personas que se arman en defensa de nuestra lengua materna, clamando que el español no es más que un sistema de comunicación y que la segregación o la discriminación no son fenómenos lingüísticos sino actitudes o intencionalidades sociales. Desde esta perspectiva, por tanto, se observa al lenguaje inclusivo como la extensión forzada de la lucha social por la igualdad entre mujeres y hombres hacia el lenguaje.

Pero ¿será esto cierto?

A continuación, intentaremos comprender el origen del lenguaje no sexista, abordar la normativa aplicable a este tema y las herramientas que se ofrecen para aplicarlo.

ORIGEN DEL LENGUAJE INCLUSIVO O NO SEXISTA

Para nadie es un secreto que el lenguaje nace en la historia de la humanidad cuando, por un lado, por evolución, los seres humanos contaron con la capacidad biológica para poder ejecutarlo; es decir, cuando contaron con un aparato fonador único en la especie animal que permitió a la raza humana transmitir un amplio rango de sonidos (fonemas).

Y, por otro lado, cuando, por una cuestión, primero, de supervivencia y, segundo de convivencia, se fueron sucediendo necesidades de comunicación de carácter cada vez más complejo, según fueron evolucionando las civilizaciones y sus sistemas de organización social.

Dados estos dos hechos históricos y evolutivos indiscutibles, hay personas que le darán gran parte del mérito del lenguaje al aparato fonador (determinismo biológico) y, por el contrario, habrá personas que defiendan que, sin la necesidad comunicativa, un ser humano aislado, por muy sofisticado que fuera su aparato fonador, no habría llegado a desarrollar lenguas tan complejas como las que conocemos hoy en día (determinismo social).

Por su parte, la Doctora Lera Boroditsky, profesora de ciencia cognitiva en la Universidad de California, añade que la lengua es una herramienta viva, que podemos ir puliendo y cambiando para adaptarlo a nuestras necesidades. Por consiguiente, aquellas “necesidades de comunicación” que señalábamos anteriormente son las que han impulsado y han acabado construyendo las diferentes lenguas.

Y en lo que respecta su “carácter cada vez más complejo”, cabe señalar que dicha complejidad nace de la aparición de otras necesidades que van más allá de la mera supervivencia, ligadas, por ejemplo, a la cultura. Como consecuencia, se puede deducir que en la interacción que tiene lugar a través del lenguaje también se transmiten, y consolidan, contenidos y significados culturales.

Pero la lengua no parece ser solo una herramienta unilateral utilizada para transmitir necesidades, más o menos complejas, sino que esta también, explica la profesora, interfiere e influye en nuestra forma de pensar. En base a esta idea, parece que según la lengua que hablemos, por tanto, categorizaremos el mundo de una u otra manera (determinismo lingüístico), si bien nuestra lengua en absoluto categorizaría el mundo totalmente o impediría percibirlo de otra forma. Sin embargo, sí que parece moldear, en determinado grado, cómo pensamos las cosas.

En base a lo anterior, y aplicando ahora la perspectiva de género, se podría deducir lo siguiente:

  1. Si a través del lenguaje se transmiten contenidos y significados culturales, y si nuestra cultura históricamente ha sido, y sigue siendo, patriarcal, es fácilmente deducible que a través del lenguaje se transmita la idea patriarcal de una organización social regida por una relación jerárquica y desigual entre mujeres y hombres, donde los últimos tienen una posición de superioridad frente a las primeras con respecto al acceso y el uso de los recursos existentes.
  1. Si, en alguna medida, la lengua que hablamos, cargada de ideas patriarcales integradas en nuestra cultura, moldea nuestra forma de pensar y categorizar el mundo, en este caso, de manera desigual y discriminatoria, es igual de fácil deducir que la aplicación de un lenguaje inclusivo resultaría una buena estrategia no solo para visibilizar a las mujeres sino que también para tratar de forma simétrica, a nivel lingüístico, a hombres y mujeres, consolidando así ideas y relaciones de género más igualitarias.

NORMATIVA APLICABLE

Según la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, entre los criterios generales de actuación que los Poderes Públicos deben cumplir (art. 14) figura “la implantación de un lenguaje no sexista en el ámbito administrativo y su fomento en la totalidad de las relaciones sociales, culturales y artísticas”. Asimismo, en cuanto al sector de la comunicación, esta ley también establece que:

  1. En los proyectos del ámbito de las tecnologías de la información y la comunicación sufragados total o parcialmente con dinero público, se garantizará que su lenguaje y contenidos sean no sexistas (art. 28).
  2. La Corporación RTVE, en el ejercicio de su función de servicio público, perseguirá en su programación, entre otros objetivos, utilizar el lenguaje en forma no sexista (art. 37).
  3. En el ejercicio de sus actividades, la Agencia EFE velará por el respeto del principio de igualdad entre mujeres y hombres y, en especial, por la utilización no sexista del lenguaje (art. 38).

Del mismo modo, el Real Decreto 901/2020, de 13 de octubre, por el que se regulan los planes de igualdad y su registro, establece que en el caso de las empresas y otras organizaciones comprendidas en el artículo 1.2 del Estatuto de los Trabajadores, los planes de igualdad podrán incorporar medidas, que resulten necesarias en virtud de los resultados del diagnóstico, relativas al lenguaje y la comunicación no sexista, entre otras.

HERRAMIENTAS

Una vez comprendido el origen del lenguaje inclusivo o no sexista y lo que exige la normativa vigente al respecto, en este apartado te planteamos toda una serie de herramientas para aplicarlo en tu día a día, independientemente del sector en el que trabajes.

  1. En el caso de falsos genéricos, es decir, vocablos masculinos utilizados como genéricos (masculino genérico), estos se podrán sustituir tanto por un desglose del término masculino y femenino como con otros términos genéricos, colectivos, abstractos, perífrasis o metonimias. Por ejemplo:
    • Lenguaje sexista: La tasa de inserción laboral de los desempleados ha aumentado.
    • Lenguaje inclusivo: La tasa de inserción laboral tanto de mujeres como de hombres en situación de desempleo ha aumentado. / La tasa de inserción laboral de la población desempleada ha aumentado.
  2. En el caso de salto semántico, es decir, situaciones en las que un término masculino es, a priori, interpretado como genérico, pero realmente está siendo utilizado como masculino cuando no corresponde. Se debe identificar la problemática y corregirla. Por ejemplo:
    • Lenguaje sexista: Los ministros y sus mujeres podrán acceder a la celebración por la puerta principal.
    • Lenguaje inclusivo: Los altos cargos ministeriales y sus acompañantes podrán acceder a la celebración por la puerta principal.
  3. En el caso de abuso del masculino genérico sin justificación, utilizar el femenino cuando el contexto o la situación lo exija. Por ejemplo:
    • Lenguaje sexista: Uno no es consciente de la suerte que tenemos de que en los países desarrollados podamos disponer sin problemas de productos de higiene femenina.
    • Lenguaje inclusivo: Una no es consciente de la suerte que tenemos de que en los países desarrollados podamos disponer sin problemas de productos de higiene femenina.
  4. En el caso de denominación sexuada, es decir, de mencionar a los varones identificándolos por su cargo, méritos e identidad propia y a las mujeres por su sexo o relación con un varón, se debe equiparar la denominación. Por ejemplo:
    • Lenguaje sexista: Sara Carbonero, exmujer de Iker Casillas, triunfa con su nuevo negocio.
    • Lenguaje inclusivo: Sara Carbonero, periodista, empresaria y modelo española, triunfa con su nuevo negocio.
  5. En el caso de aposiciones redundantes, es decir, construcciones lingüísticas conformadas por dos elementos en las que ambos expresan el sexo de la persona, pero solo uno expresa una cualidad, lo que destaca claramente una característica (sexo) sobre la otra (cualidad). En estos casos, debe eliminarse la redundancia. Por ejemplo:
    • Lenguaje sexista: Varias mujeres congresistas alzaron la voz ante la nueva propuesta de ley.
    • Lenguaje inclusivo: Varias congresistas alzaron la voz ante la nueva propuesta de ley.
  6. En el caso del uso sistemático de un orden de presentación en el que la forma masculina siempre aparece delante de la femenina, se tratará de intercalar el orden de forma alternativa. Por ejemplo:
    • Lenguaje sexista: Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres.
    • Lenguaje inclusivo: Artículo 30.4. Las Administraciones públicas promoverán el desarrollo de una red de servicios sociales para atender a menores, mayores y dependientes como medida de conciliación de la vida laboral, familiar y personal de hombres y mujeres en mundo rural.
  7. En el caso de que no exista concordancia de género entre el género de los artículos y adjetivos con el de los sustantivos que acompañan. Por ejemplo:
    • Lenguaje sexista: Los hombres y las mujeres trabajadores del sector muestran gran resiliencia.
    • Lenguaje inclusivo: Los hombres y mujeres trabajadoras del sector / Las mujeres y hombres trabajadores del sector muestran gran resiliencia.
  8. En el caso de uso de pronombres relativos que exige el uso de un artículo de género (el/la), utilizar “quien” o “persona”. Por ejemplo:
    • Lenguaje sexista: Habló el que menos se entera del asunto.
    • Lenguaje inclusivo: Habló quien menos se entera del asunto / Habló la persona que menos se entera del asunto.
  9. En el caso de asimetría de trato a mujeres y hombres, habrá que garantizar un trato simétrico. Por ejemplo:
    • Lenguaje sexista: “Rajoy y Soraya, las otras ‘víctimas’ del libro de Cayetana”.
    • Lenguaje inclusivo: Rajoy y Sáenz de Santa María, las otras ‘víctimas’ del libro de Álvarez de Toledo.

Desde Innovatica esperamos que estas herramientas te resulten tan útiles como a nuestro equipo. Recuerda:

“Nuevas realidades crean lenguaje, pero también un nuevo lenguaje ayuda a crear nuevas realidades”